Psicomarcas

Dime quién eres, y te diré de qué trabajas.

La ocupación de cada individuo configura una ineludible primera imagen de quien está presentándose ante nosotros; y en la mayoría de los casos, nos habilita a presuponer qué cosas sabe y cómo piensa. En función de esto, moldea, talla y define el lugar que una persona ocupa en la sociedad y da pistas de cómo ésta debe ser considerada o tratada. No es lo mismo pronunciar el propio nombre, que anteponerle el título: doctor, ingeniero, etcétera.

Permite presuponer a quien escucha, algunas particularidades supuestamente comunes a todos los doctores, o ingenieros; aunque esto sea nada más que un prejuicio. Pero ante la falta de nuevos datos, quien escucha se vale del estereotipo para completar lo que aún desconoce del otro.

Sorprendentes lazos entre Identidad personal e identidad corporativa.

Si se considera éste esquema, un nombre configura una serie de valores de circulación común, que conforman una cantidad de atributos con alto valor de verdad social, aún sin conocer personalmente a un individuo. Se convierte en una moneda circulante. No conocí al Dr. René Favaloro personalmente. Pero podría expresar una serie de características de su personalidad y de su lugar en la sociedad.

De esta misma manera se comporta una marca. Adquiere valores de verdad circulante, tanto positivos como negativos, que completan el cuadro de conceptos que inconscientemente se adhieren a todo lo que se conoce. Una especie de ficha mental involuntaria, que une un nombre a una serie de valoraciones construidas a través de “lo que se dice de…”. (El mito).

Como el ser humano es un animal que se conecta con el mundo principalmente a través de lo visual, en la mayoría de los casos se necesita de un signo identificador que simbolice la presencia de una entidad (estar-en-lugar-de), y permita ser reemplazada por “una simple forma gráfica”. Una firma para las personas, un logotipo para las actividades que estas desarrollan dentro de la sociedad.

Si se toma en consideración este comportamiento psicosocial, puede ser entendida la importancia que adquiere dentro de una empresa su marca. Las idas y vueltas durante el proceso de diseño y su resistencia al rediseño; pues es comprobable la existencia de conexiones decisivas entre las facetas psicológicas de la personalidad individual y la de los emprendimientos que cada persona lleva adelante.

Es que el diseñador, al intervenir en ella, se configura un nexo que une todas las representaciones de identidad que lo comprometen en lo personal en un solo complejo significativo de sentido psíquico. De su representación en el mundo. El sonido que debe pronunciarse para referirse a él. Su nombre y su marca. Son los sonidos que provocan en la mente una imagen que le pertenece.

Acerca de lo subjetivo en el proceso de diseño de marcas.

 

Hay quienes perciben en el isologotipo de su empresa, un legado familiar difícil de abordar, ya que es equivalente a cuestionar lo hecho por los que lo anteceden en la historia de la empresa, más aún cuando se trata de emprendimientos familiares. Les resulta más fácil cambiar su aspecto, operarse de la nariz, agregarse busto o quitarse un diente, que trabajar el aspecto gráfico de la marca. Ya que ella, al ser ubicua, puede hacer lo que nada ni nadie puede; y solo existe para reemplazar la presencia física del referente verdadero ante la mirada social, ante el mercado.

El signo marcario tiene la particularidad de ser en ese sentido un poco paradójico. Es sencillo por un lado (un dibujito). Pero a la vez, esa simplicidad formal no refleja el grado de complejidad subyacente, descrito en estas líneas.
Lo que demuestra que esta faceta de la vida de las marcas permanece oculto para quienes tratan con ellas; es decir: toda la sociedad.

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